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El pasado de
Callisto
Por Luy Braxton
DISCLAIMERS
: Los personajes de Xena y Callisto son propiedad de Mca Universal Studios USA y Reanissance Pictures. En ningún momento he pretendido infringir los derechos de autor siendo esta historia exclusivamente fruto de mi imaginación, al igual que los demás personajes y nombres que aparecen, y que no tienen ninguna relación con la serie Xena: Warrior Princess.COMENTARIOS: Si deseas hacer cualquier comentario, siempre y cuando sea constructivo, para mejorar esta historia o mi capacidad literaria, te estaré profundamente agradecida:
luybraxton@guay.com
LA LOCURA
Callisto caminó en círculos, se sentía extrañamente diferente, lo raro sería no sentirse así después de ver tal espectáculo, era como si… como si a la vez que se adueñara el vacío de su cuerpo, y el dolor torturara su alma, algo, algo a lo que no podía denominar, puesto que no se parecía a nada de lo que anteriormente había experimentado, llenara su corazón como si fuera un cuenco. Tal vez era odio, pero el odio no era nada comparado a aquella obsesión enfermiza que poco a poco la iba controlando.
Se sentó entre los escombros, todavía las piernas seguían temblándole compulsivamente, ya no le quedaba nada, absolutamente nada por lo que seguir viviendo, por lo que seguir luchando… solo la imagen de su hermana y madre quemándose como viejos maderos ante su atenta e impotente mirada. Era irónico, que su mundo hubiese sido girado entorno a su familia, y que ahora girara también alrededor de ella, pero con la gran diferencia de que aquellas personas de carne y hueso, ahora tan solo fuesen una imagen que atormentara sus sueños. Su familia atormentando sus sueños. Irónico. Sonrió ampliamente y apartó de su cara unos mechones de pelo, sintió ganas de reír, de reír como nunca lo había hecho, a carcajadas, danzando alrededor de los restos de la aldea aún humeantes, y señalando con el dedo al resto de los aldeanos, que como ella, habían quedado destrozados ante semejante tragedia. Sintió ganas de burlarse de la desgracia, de plantarle cara, de que con un poco de suerte la llevara a ella también al reino de Hades, si es que existía, porque había perdido hasta sus creencias, su esencia, su ser… su amor… todo, lo había perdido todo.
Se puso en pie de nuevo, llevaba horas inmóvil y ni si quiera se había percatado de que una fina lluvia rociaba su cuerpo, su cuerpo… ¿de que le servía un cuerpo sin alma?
De repente una sensación amarga cubrió sus labios, tan amarga que provocó una mueca en su rostro, había recordado algo importante: la culpa. Sus ojos parecieron iluminarse con un brillo especial, Xena, siseó. Si, la culpable era ella, ¿como podía haberlo olvidado?, estaba tan hundida en su dolor, que ni si quiera había pensado en ella. Imperdonable.
Volvió a caminar en círculos absorta, con una musitada sonrisa en su labios, Xena, Xena, repitió, comenzaba a gustarle aquel nombre, anduvo danzando hasta el río, Xena, Xena, estaba empapada, pero aunque el frío calara sus huesos, no podía sentirlo, Xena, Xena, una dulce sensación la rodeaba, ¿pudiera ser locura?, Xena, Xena, bienvenida fuera esa locura.
Se acuclilló ante el agua, podía ver su cara distorsionada por las gotas del agua al caer, sus mejillas encendidas, su pelo mojado pegado a la cara, sus ojos oscuros y su extraña sonrisa, jamás había sonreído de esa manera, en cierto modo le asustaba, pero no evitaba que se sintiera seducida por esa nota de maldad en sus labios. La imagen comenzó a volverse difusa, su cabello ya no era rubio, era moreno, sus ojos ya no eran oscuros, eran azules cristalinos y burlescos. Era Xena. Se retiró asustada y se cobijó debajo de unos espesos arbustos que lastimaron su cara. Ella ya no era ella, era una sombra en la oscuridad. Era el despojo de la desgracia.
Sollozó en silencio, temía que sus gemidos delataran su presencia y Xena acudiera al oírlos.
Su temor se convirtió en risa, volvió a reír largo y tendido divertida ante sus propios sentimientos.
- ¡Aquí estoy Xena, ven a buscarme, encuéntrame si puedes! - gritó saliendo de su escondite
Las ramas arañaron su cara de nuevo, pero estaba demasiado ocupada intentando percibir algún sonido de cascos de caballo o de pasos. Solo se oía la lluvia y algún trueno a lo lejos. Se había ido. No iba a volver. Pero ni si quiera eso le consolaba.
¿Quien era, que sentía?
- Me estoy volviendo loca - gimió agarrándose la cabeza con las dos manos - Me estoy volviendo loca… me estoy volviendo… ja, ja, loca… si, debe ser eso…
EL SENTIMIENTO
Poco le costó averiguar cual era su destino, cual era el reto que a partir de ese momento su vida iba a asumir. Juró que no descansaría hasta que Xena estuviera muerta, pero no iba a esperar sentada a que las Parcas decidieran si su vida había o no acabado, o a que la vejez la llevara en su manto, tampoco iba a consentir que ninguna otra persona tuviera el privilegio y satisfacción de mandarla al otro mundo. Sería ella la que empuñara su espada en su cuello y no dejara de apretar hasta que su sangre cubriera el suelo y la luz soberbia de sus ojos se apagara ante ella, ante el poder de ella. Pero conseguir ese poder, y que superara al de Xena, y llegar ante ella y derrotarla, no iba a ser un trabajo fácil. Requería tiempo, esfuerzo, y paciencia. La tendría. El tiempo correría a su favor.
Su locura, sus ansias de venganza, y aquel sentimiento que se adueñó de su cuerpo cuando ya no le quedaba nada, habían destruido a aquella muchacha inocente y feliz, para crear la escultura de una nueva Callisto, renacida de unas cuantas cenizas de su pasado.
- A partir de este momento, Callisto, ha muerto. - murmuró para sí rasgando las ropas que cubrían su cuerpo. Estaba llena, pero no de vida, sino de odio, odio que actuaba como letal veneno en sus venas. Se adentró en las frías aguas del río e inspiró profundamente, sintiendo el helado aire en su pecho. Tal vez las aguas, tan frías que cortaban la respiración, actuaran del mismo modo con su alma, encerrándola en una tumba de hielo.
EL CHANTAJE
Morthos era lo más parecido a un hermano para ella, o al menos lo había sido. Desconocía la relación que hubiera podido tener con su madre, lo único que recordaba era haberle visto muy a menudo en casa, comportándose como uno más de la familia, y gozando de plena confianza para Callisto y su hermana. Jamás preguntó a su madre, que hacía aquel joven en su casa, como le había conocido y el porqué de esa amistad. En el fondo sospechaba la causa, y sinceramente, jamás deseó oírla de los propios labios de su madre. Morthos, simplemente era Morthos, el joven aventurero que de vez en cuando venía y dormía en casa.
Antes de que Morthos abandonara por última vez la aldea, le había confiado un viejo y arrugado mapa - careciente de sentido - , para que lo escondiera en un sitio seguro. Ambos, Callisto y Morthos, acudieron a las profundidades del bosque a enterrarlo junto a un enredado y característico árbol, donde ella y su hermana, solían jugar y pasar interminables ratos, después de aquello, no volvió a ver al guerrero hasta pasado un tiempo. Muy poco después de que Xena arrasara la aldea.
Vio a Morthos entrar en la taberna, seguía radiante y alegre como siempre, muy poco le había afectado la tragedia… rehusaba creer que aún no se había enterado cuando la región estaba desolada y no se hablaba de otra cosa. Solo una aldea había conseguido mantenerse en pie, y esa aldea, estaba situada en la línea fronteriza de las dos principales regiones, donde Xena no pudo alcanzarla, claro que pudo, solo que no quiso. Allí se habían reunido otros "despojos de la desgracia" como ella, y entre lamentos y lloriqueos, estaban ampliando la aldea, construyendo pequeñas chozas que solo con mirarlas, parecían que se iban a venir abajo. Pero Callisto repudiaba vivir allí, ya no era como ellos, necesitaba la soledad para seguir envenenando su alma, sin embargo, se dejaba caer por ahí de ven en cuando para robar fruta del mercadillo, u otra cosa que llevarse a la boca. Aún no sabía del todo como aprovechar los productos que el bosque le ofrecía.
Fue en uno de esos días cuando vio a Morthos entrar en la taberna. No corrió a abrazarle y sollozar en su hombro, contarle lo ocurrido y pedirle que la llevara consigo. No corrió a saludarle. Tan solo espero, paciente, a que saliera de allí para seguirlo.
Y Morthos salió, con una amplia sonrisa en sus labios y andando a grandes zancadas tan feliz como siempre. Agarró las riendas de su caballo y caminó hasta el bosque.
- Lo sabía - susurró Callisto agazapándose entre los arbustos
El guerrero comenzó a excavar junto al árbol retorcido e inconfundible en el que tiempo atrás, había escondido el mapa. Tarareaba algo, una cancioncilla que solía cantar cuando regresaba de alguno de sus viajes, y se hospedaba en su casa. Callisto reconoció instantáneamente aquella melodía y se quedó petrificada, los recuerdos volvían fugazmente a su mente, pasaban, permanecían unos segundos y después se esfumaban. A penas podía saborear esos momentos pasados de placer.
La oscuridad se echó rápidamente encima, Morthos seguía excavando sin éxito y preso de una repentina desesperación. Su caballo, inquieto, comenzó a relinchar asustado por los lejanos aullidos de lobo.
- Tranquilo chico - murmuró acariciándole
- Morthos - murmuró Callisto saliendo de su escondite - Cuanto tiempo sin verte
El guerrero sacó su espada y amenazó a Callisto, sonrió ampliamente y guardó su arma para estrecharla en sus brazos.
- Eres tú - exclamó contento - Cuanto siento lo que ha ocurrido
- No lo sientas, sabías perfectamente lo que iba a ocurrir - Callisto se deshizo de sus brazos
- ¿Que estás diciendo? - preguntó asombrado ante el signo de repugna de la muchacha
- Lo que estás oyendo - Callisto se volvió de espaldas y sonrió - Mi mente se ha vuelto demasiado aguda para que un actor de segunda como tú, pueda engañarme… Te enteraste de que Xena venía con sus hombres, y apresurado, corriste a esconder ese, mapa, que por alguna razón que desconozco, es demasiado valioso como para llevarlo encima, después, te marchaste sin dar explicaciones, y esperaste a que pasara la tormenta para recoger tu carga…
- Un momento, yo…
- …pero eso no importa ahora, no importa que nos traicionaras, ni a mi madre ni a nosotras, ni que nos utilizaras, porque…
- Por favor, escucha
- …ahora soy yo la que tengo ese mapa en mi poder. - sonrió
Morthos sacó su espada y la agarró con fuerza por el hombro para que se diera la vuelta. Callisto sonreía satisfecha sin que aquella arma causara efecto alguno en ella.
- Me estás mintiendo
- Más quisieras - rió
- Está bien, de acuerdo, lo haremos a tu manera - Morthos acercó la espada a su cuello - Si no me dices donde tienes el mapa, te cortaré la cabeza. No me obligues a hacerlo, sería muy duro para mi después de tantos buenos ratos compartidos.
- Con mi madre, ¿no?
- Si, pero es lo de menos. Donde está - exigió saber
- Morthos, Morthos, esto no es hacerlo a mi manera - retiró la espada de su cuello con la mano y caminó en círculos alrededor del guerrero - Estoy muerta, tal vez veas mi cuerpo, aquí, hablando contigo, caminando a tu alrededor y haciéndote chantaje, pero, la verdad, es que no estoy viva, ya no siento, ya no tengo alma ni corazón… soy un cuerpo lleno de odio. Y los cuerpos llenos de odio, no temen a la muerte, por eso, aunque me mataras, o me cortaras la cabeza como dices, de mi boca no saldría ni una palabra…
- Bueno, ¿que es lo que quieres?, seguro que los cuerpos llenos de odio también tienen su precio - por alguna razón creía a la muchacha, esa manera de mirar, esa sonrisa… estaba claro que no era la verdadera Callisto
- Ja, ja, ja - rió con fuerza, le miró sosegada y cruzó los brazos - Quiero que me enseñes a luchar, quiero que me enseñes a manejar una espada y golpear como un verdadero hombre y guerrero, quiero el poder…
Morthos estuvo a punto de echarse a reír, ¿que petición era esa?
- Claro, pero ahora dame el mapa - persistió
- Ah, ah - sonrió Callisto - No hasta que no cumplas tu parte del trato. Y considerando que no te estás tomando en serio mi propuesta, no facilitas las cosas
- Me estoy hartando con tu jueguecito, jamás te he dado ningún problema, al contrario, siempre he sido cariñoso y afable contigo, ¿y así me lo pagas?, te podría hacer pedazos
- Pero no lo harás, porque me crees - afirmó con toda seguridad - Crees en mis palabras, ves el fuego que arde en mis ojos, ves el sentimiento que se adueñó de mi alma… eres afortunado al ser testigo de mis principios… porque esto no es más que un miserable principio de lo que será el caos conmigo pisando la tierra.
Morthos se volvió de espaldas, Callisto no iba a dar su brazo a torcer y era evidente que su cabeza estaba algo trastornada. De nada iba a servir amenazarla.
- De lo único de lo que soy testigo es de tu locura - musitó dándose la vuelta - Pero de acuerdo, las cosas se harán como tu ordenes, princesa - sonrió
EL APRENDIZAJE
Callisto condujo al guerrero hasta un pequeño cobijo en el bosque, silencioso, resguardado y lúgubre como su alma. Allí había permanecido las noches desde que su aldea fuera arrasada, no quería otro contacto más que el de la naturaleza, al menos era la única que no sentía lastima hacia ella - odiaba que sintieran lástima por ella, pero no obstante, sentía un sabor dulzón en su boca cada vez que se veía reconocida su desgracia, era como darle razón y sentido a su causa, a la venganza - . Morthos ató las riendas de su caballo en una rama y extendió por el suelo unas mantas en las que pasar la noche, prefería mil veces la dura tierra del suelo, que los jergones de paja en donde las pulgas le picaban hasta saciar su sed de sangre.
- Eres como las pulgas - murmuró a Callisto al acordarse de aquella vez que despertó con tantas pulgas que caían a cientos de sus ropas
- ¿Ah, si? - exclamó indiferente Callisto - ¿porque pican o porque sacian su sed con sangre?
- Porque son molestas, aunque lo que has mencionado también se puede aplicar a tu caso… ja, ja - la miró detenidamente guardando silencio - ¿así que deseas vengarte de Xena?
Aquello era lo más absurdo que había oído.
- Efectivamente - siseó Callisto al oír el nombre de su adversaria - Sé lo que vas a decir, "es una locura, jamás conseguirás ni rozarla con tu espada, es más, antes de que la desenvaines estarás muerta como tantos otros" - sonrió - Ahora yo te contestaré: "no me subestimes, esto tan solo ha comenzado, y se que algo dentro de mi, tiene el poder suficiente para enfrentarse a ella, para acabar con ella" - puntualizó
- Bien, allá tú con tu absurda vida, no me interesa lo más mínimo lo que te ocurra a partir del momento en que te consideres preparada, tan solo me interesa mi mapa.
- Tranquilo, lo tendrás en tus manos cuando finalice el trato
Morthos miró con desconfianza a Callisto y se tumbó con un puñal guardado en su bota, no esperaba nada bueno de aquel monstruo, en el que evidentemente se había convertido la muchacha.
Cuando amaneció y despertó soñoliento, aquella pequeña diabla le contemplaba sentada en el tronco de un árbol, su mirada se clavó en sus ojos como dos estacas afiladas, amenazadora, observadora y calculadora, así era la nueva visión de Callisto, una visión que hizo que un escalofrío recorriera su espalda. "Maldita pendeja" pensó. Intentaba asustarle con su fría sonrisa.
- ¿Empezamos? - preguntó sonriente - Tengo algo de prisa por aprender, y tu debes estar ansioso por recuperar tu mapa, ¿no es así?
- Así es - murmuró sacudiendo sus ropas, tenía la extraña sensación de que podía leer su pensamiento
- No has dormido muy bien, parecías más pendiente del puñal de tu bota, que de conciliar el sueño - exclamó alzando las cejas - ¿Que podía hacerte una pobre muchacha como yo, si ni si quiera he aprendido a manejar una espada?
- Hay muchas formas de matar sin conocer las tácticas de guerra - gruñó - Será mejor que empecemos ya
- Callisto agarró la espada entre sus manos, era pesada para sus frágiles manos, pero no para su voluntad de hierro, se acostumbraría, al igual que se había acostumbrado a la ausencia de su madre y hermana. Era cuestión de tiempo, todo era cuestión de tiempo.
Morthos tomó con suavidad sus manos y las guió, explicándole detalladamente como debía o no coger la espada, y de que manera debía manejarla. Callisto atendía sus palabras con el mayor interés, y concentración, ningún detalle, por pequeño que fuera, debía escaparse a sus oídos, quien sabe si resultaría útil en un futuro…
- …y mírame a los ojos - aconsejó - los ojos desvelan los más profundos secretos, y los movimientos que se van a llevar a cabo…
- Que poético - exclamó con sarcasmo
- …solo hay que saber interpretar la imagen que se refleja en los ojos del adversario - fingió no oír su comentario
- En tus ojos veo mi imagen, nada más - frunció el ceño
- Mira bien y sabrás de lo que te hablo
Callisto y Morthos habían utilizado dos ramas gruesas como espadas, Morthos no quería arriesgarse a que se produjera un pequeño "accidente" por ambas partes, él porque perdía constantemente la paciencia pensando en su dichoso mapa, y Callisto, bueno, a Callisto se le venían venir sus intenciones. Miró de nuevo la imagen que el guerrero decía reflejarse en los ojos del adversario, miró con profundidad, adentrándose en sus ojos y descubrió, que si podía ver sus pensamientos, podía ver lo que iba a hacer en ese preciso momento, o al menos, si no veía esa imagen y todo aquello era producto de su imaginación, su instinto se adelantaba a los golpes de Morthos.
- ¿Lo ves? - murmuró satisfecho - Es cuestión de paciencia
- Yo no lo llamaría así, instintos, eso es lo que es, una cuestión puramente de instintos, y te agradecería que te ahorraras tu fantasía y filosofía de guerra, y fuéramos al grano.
- Como tu quieras - gruñó molesto incrementando la violencia en sus golpes, pero Callisto aprendía deprisa y conseguía pararlos cada vez con menos esfuerzo.
El invierno pasó deprisa, Morthos cada vez estaba más impaciente y harto de estar a expensas de una simple aldeana, pero a la vez, reconocía, que Callisto era como una esponja absorbiendo conocimientos y habilidades, cada vez aprendía más y más deprisa, con avidez y arrogancia. Manejaba la espada casi tan bien como él, y golpeaba con tanta furia que en uno de sus golpes le dejó inconsciente durante un rato, no era más que una cría, y sin embargo… Estaba convencido que su cuerpo lo había poseído alguna infernal alma que había expulsado de él a la alegre y cariñosa Callisto del pasado. ¿Que otra explicación cabía si no?
- Ha llegado la hora - suspiró Callisto - Te conduciré hasta el mapa, aunque eso signifique tener que separarme de ti - murmuró con una falsa tristeza
- No te apures - la estrechó alegre entre sus brazos - Ya nos veremos, cuando mates a Xena
Ambos rieron y caminaron hasta las profundidades del bosque, Morthos estaba risueño, al fin podía librarse de aquella pequeña víbora que había estado atormentando cada noche sus sueños, pero Callisto andaba con desgana, no porque de verdad fuera a echarle de menos, sino porque si se iba de la lengua podía arruinarle la sorpresa a Xena.
- Necesito aprender cosas nuevas, cosas que tu no me puedes enseñar - murmuró Callisto pensativa - ¿Tienes idea de donde puedo encontrar a alguien que pueda enseñarme esos conocimientos?
- Ja, ja, ja - rió - mi abuela al otro lado del valle puede enseñarte a hacer ovillos
Callisto le fulminó con la mirada, pero Morthos se limitó a seguir emitiendo sus burlescas carcajadas y dando unas suaves palmaditas en la espalda de esta.
- Hemos llegado - se paró en seco - Excava ahí y lo encontrarás
Morthos miró a donde le señalaba, había una pequeña cavidad en la tierra que hacía pensar que verdaderamente se había escarbado con anterioridad, no obstante, desconfiado y mirando de reojo a su alumna, se acuclilló y comenzó a retirar con las manos la tierra mojada por la lluvia.
Esperaba que el mapa siguiera intacto con esas condiciones.
- Espero que siga igual que antes, ha llovido mucho - objetó
- Tranquilo, lo envolví en un trozo de piel que lo habrá resguardado… un poco
Morthos frunció el ceño y siguió retirando tierra.
- Hay un tipo muy raro llamado Alithes, es un ermitaño que vive cerca de una aldea del norte, en Enria, dicen que fue un excelente mercenario y leyenda viva, pero yo no me fiaría de ese ni lo más mínimo, quien sabe si es el hombre que buscas…
- Lo tendré en cuenta
Morthos dio un grito de alegría cuando algo duro tocaron sus dedos, si no era una piedra o un trozo de madera, seguro que era su preciado mapa. Sacó el objeto y desenvolvió el trozo de piel, allí estaba, su mapa, su camino a la gloria… por muy poco tiempo.
Callisto sacó la daga escondida entre sus ropas y le asestó una brutal puñalada en la espalda, sonrió, le gustaba esa sensación, quitar poco a poco la vida era una agradable evocación de poder, y si aquello le gustaba, ¿como se sentiría al adentrar el filo en el cuerpo de Xena?
Morthos cayó de costado.
- Seguro que tu abuela no hace ovillos tan bien como yo apuñalo - observó sonriente - Sin embargo, me pasaré a darle recuerdos de su nieto asesinado.
Se acuclilló y le agarró del cabello. Morthos recurrió a la poca fuerza que le quedaba e intento agarrarla del cuello.
- Ah, ah - advirtió Callisto hundiendo la daga de nuevo en su estomago - ¿Que hubiera dicho mi madre al verte hacer eso?, sabes, yo creo que mi madre te quería, de verdad, con el corazón, a pesar de tu juventud y de tener dos crías - hizo una mueca de asco - pero tú solo la vistes como una amante, como una amante en la mitad del camino, y te aprovechaste de ella, y ahora está muerta, y también mi hermana. Sabías que Xena arrasaría la región con sus hombres, y huiste como un cobarde, sin avisarnos… eres un chico malo…
Sintió la sangre del guerrero deslizarse por sus dedos. Sacó la daga de su estomago y se puso en pie. Estaba muerto.
- Por cierto - recogiendo el mapa del suelo - me quedo con tu caballo, armas y todas las posesiones que me sean útiles, al fin y al cabo, soy tu única heredera… espero que no te importe… descansa, pareces fatigado, yo mientras, seguiré mi camino.
Sonrió y se alejó brincando como una niña entusiasmada.
EL CAMINO
Pensó, que tal vez aquel Alithes podría servirle de ayuda, pero siempre existía el riesgo de que Morthos le hubiera mentido… Morthos, mira que acabar así… pero había sido necesario matarlo, él era un vulgar traidor y hubiera trastocado sus planes. Su primera muerte, intentó pensar detenidamente lo que significaban aquellas palabras, pero solo podía sentir su corazón palpitando de excitación y el eco en su mente de: "has hecho lo correcto". Y si no lo había hecho, daba igual, lo importante es lo relajada que ahora se sentía.
Acarició el cuello del caballo, y volvió a erguirse en la silla de montar, jamás había oído que existiera una aldea llamada Enria, pero no era de extrañar, porque jamás había salido antes de su propia aldea. No conocía el mundo, no sabía lo que le aguardaba, pero su madre decía que era tan cruel la realidad de ahí afuera, que a veces era mejor vivir encerrada. Esas palabras ya no le asustaban, pocas cosas despertaban ya su temor, y pocas veces, gozaba de momentos de plena lucidez, pero loca o no, atemorizada o no, llevaría a cabo su venganza, y su venganza era Xena.
FAVOR POR FAVOR
Alithes era un viejo huraño encerrado en una maloliente choza cerca del río y no muy lejos de una aldea llamada Enria. Callisto no tuvo dificultad en encontrarle, iban a colgarlo en la plaza justo cuando entraba en la pequeña aldea. No eran más que un par de aldeanos, no sobrepasarían los trece, alborotadores y supersticiosos, que gritaban frases amenazadoras contra el anciano. Callisto se agarró fuertemente a su caballo, o al que había sido el caballo de Morthos, y se abrió paso arrolladoramente hasta la horca, los aldeanos caían al suelo derribados por la fuerza y braveza del animal, sin que pudieran detener el furioso paso de Callisto. Agarró su espada en la mano derecha mientras aporreaba y daba patadas a los aldeanos que se acercaban hasta ella, y cortó la soga atada al cuello del viejo. Los ojos de este se iluminaron como si pudiese tocar el cielo y apresuró a desatar las cuerdas que retenían sus manos. Callisto siguió librándose de los aldeanos intentando hacerse paso, y cuando vio que el no - ahorcado se había liberado de sus ligaduras, le ayudó a subir al caballo y ambos dejaron atrás la aldea en una nube de polvo.
No había sido misericordia, ni compasión, ni ningún sentimiento de buena voluntad por parte de su alma - aquello ya no era posible en ella - sino una cuestión puramente de intereses, y si su interés era ahorcado, el juego se habría acabado o habría tenido que encontrar otro tablero para sustituirlo. Y eso habría sido perder el tiempo.
Dejó sus tenebrosos pensamientos para otro momento, y paró el caballo en seco una vez dejada atrás la aldea, el anciano cayó del caballo a causa de la violenta maniobra y a duras penas, consiguió ponerse en pie de nuevo y sacudir sus ropas.
- Que descuido - murmuró divertida
- Oh, si, bueno, pero lo importante es que estoy vivo - sonrió ampliamente el anciano, Callisto le miró detenidamente, era un hombre ancho de hombros y voluminoso, que a pesar de sus arrugas y cara bonachona, no escondía las marcas de su pasado, el pasado de un mercenario y de un vulgar ratero - Y te lo debo a ti, ¿acaso te enviaron los dioses?
- No, porque para la gente como tú, los dioses no tienen compasión - exclamó fulminante - Pero este es tu día de suerte, Alithes.
- ¿Como sabes mi nombre?
Callisto bajó de su caballo sonriente, "no es más que una cría, pero hasta un indefenso cachorro puede ser peligroso", pensó el viejo y cansado mercenario.
- Morthos me habló de ti, y también un par de viajeros que encontré por el camino - recordó a aquellos dos ingenuos campesinos que le habían acompañado parte del camino para mostrarle como llegar a Enria, nada más que uno de ellos señalara con el dedo la pequeña mancha difusa en el horizonte, indicando que era su destino, sacó su espada, y como buena niña, y siguiendo los modales que su madre una vez le había inculcado, se lo agradeció… a golpe de espada - Me gustaría que me tomaras un tiempo como tu alumna.
- Estoy demasiado cansado para levantar si quiera un arma - se excusó
- No importa, yo la levantaré por ti - se situó a sus espaldas - Y precisamente, como estás viejo y cansado, o aceptas, o te llevaré de vuelta a la horca, sin que puedas impedirlo.
- Pareces decidida a obligarme - observó
- Estoy decidida para todo - puntualizó - La duda, la indecisión, hacen débil a la persona, y yo no estoy dispuesta a tropezar con esa piedra - alzó las cejas - Piensa, que favor por favor, se paga.
Y aceptó, en su vida había visto y hecho cosas horribles, había contemplado la masacre, la tortura, había empuñado sin compasión una espada y matado, por un par de monedas, habría vendido a hasta su propia madre con tal de sacar provecho a la situación, pero, su propia muerte, era lo que más le aterraba en vida, y pensar tan solo lo cerca que había estado de ella, le hacía someterse a cualquier otra decisión. Favor, por favor, pensó suspirando.
VENENO
- Cicuta - murmuró mostrándole una planta grande, tosca y de olor desagradable - Cuando se ingiere sientes quemazón en la boca, y tu pulso comienza a volverse lento y lento, hasta que mueres.
Callisto sonrió pensativa, se imaginó a Xena comiendo de esa planta, y como de repente, sus pupilas se dilataban y corría a beber agua de su odre, bebía y bebía, pero seguía sintiendo fuego en la boca, y de repente, el odre se le caía de las manos, miraba a los lados desesperada y suplicando ayuda…
- …¿me escuchas? - preguntó el anciano
- Claro, solo memorizaba la información - sonrió Callisto
- Y esa otra planta es acónito - señaló una planta de flores azuladas - La raíz, troceada e ingerida en pequeñas dosis produce ansiedad, nauseas, dolor en el pecho… aún recuerdo la primera vez que utilicé este veneno, aquel tipo me dio unas cuantas monedas por matar a su esposa, no tenía valor para hacerlo él mismo, así que me dio el dinero y me dijo: que parezca un accidente - sonrió al recordar aquello - Bueno, clavarle una espada en el estomago no parecería un accidente, así que eché el veneno en su comida y al poco tiempo comenzó a babear como una endemoniada mientras se quejaba del pecho, su marido la miraba con la boca abierta y el trozo de carne aún en la mano. Después de una larga agonía, le tomó el pulso y me miró diciendo: pensé que lo haría de otra manera, esto ha sido muy frustante.
Callisto y el anciano rieron a carcajadas acuclillados ante el pequeño huerto situado en la parte trasera de la choza. El viejo mercenario era aficionado a los venenos, y tenía su propio y extenso cultivo de especies peligrosas, conociendo a la perfección los síntomas y nombres de cada una de sus plantas. Callisto estaba fascinada por aprender aquellos conocimientos aunque no fueran los previstos desde un principio, no le excitaba la idea de envenenar a Xena, eso era demasiado fácil y poco heroico en su caso, pero siempre podía jugarle una mala pasada antes del encuentro final.
- ¿Que es esto? - preguntó señalando, era una planta bastante grande de flores entre blancas y púrpuras, y frutos, redondeados y espinosos que gozaban de gran tamaño
- Oh, si, eso es estramonio - aclaró el viejo - Sientes sequedad en la boca, vomitas, y te sumes en un sopor antes de morir. Pero mi preferida es esta.
Agarró una pequeña rama del suelo y señaló a otro vegetal cerca de la enorme planta.
- Al principio ves todo borroso, y después poco a poco sientes como se te va la vida… - susurró - ruegas por ir a los Campos Elíseos, y tus parientes, si es que tienes o te quedan, comienzan a llorarte creyéndote muerto… pero lo más gracioso es que no lo estás, y a menudo te entierran vivo.
- ¿Y que sucede cuando pasan los síntomas?
- Nada, eres el mismo de antes, sigues tu vida pensando: "esas Parcas debieron confundirse de hilo", y sonríes por lo cerca que has estado de hacerle una visita a Hades - rió.
PRIMAVERAS
Pasó la primavera, y llegó el pegajoso y tedioso calor, los días eran más largos y la noche estaba cargada de dulces aromas y zumbidos. Todo parecía envuelto en un dulce y alegre baño de color. Antes, cuando se consideraba una persona y tenía algo tan importante llamado familia y hogar, hubiese saltado de alegría por el cambio de estación, habría corrido con su hermana hasta el río y se hubiesen zambullido en el agua estruendosamente junto a otros niños de la aldea, ella siempre ganaba en ese tipo de carreras, era mayor, mas veloz, y sobre todo más ágil que los demás…
- ¿En que piensas? - preguntó el viejo mercenario echando más leña al fuego.
Las dos liebres comenzaban a coger ese color tostado clavadas en dos largos palos y expuestas al fuego. Callisto retiró su cena y dio un mordisco a la carne, estaba caliente, pero no lo suficiente para quemarle.
- Pensaba en como iba a destriparte después de que mis intereses terminaran - murmuró mirando al anciano de reojo
- Oh, pues debía resultarte muy duro por la cara que ponías - comentó sin darle importancia
Callisto volvió la cabeza y sonrió, era un viejo astuto.
- A veces es bueno compadecerse de las víctimas - se limitó a decir
- No, no creas… te compadeces de ellas, y luego te vuelves débil, las víctimas son más astutas que el verdugo, e inmediatamente sabrían por donde pillarte… - rió con la boca llena - Se lo que te digo, hazme caso.
- ¿Por que te querían ahorcar? - preguntó interesada
- Oh, bueno, me acusan de envenenar un pozo donde bebieron unos pobres críos, no mucho menores que tú - dio un mordisco a la carne y miró de reojo a su aprendiz - Me acusaban de sus muertes
- ¿Y no fue así?
- Por su puesto que no
Pasaron dos primaveras más. Aquel maleante, mercenario sin escrúpulos, había adoptado a Callisto como una lamentable forma de vida, que a pesar sus instintos más atroces, y su comportamiento de ave carroñera, había robado un poco de afecto al viejo y duro corazón del anciano, convirtiéndose así, a lo más parecido a una nieta. Jamás había tenido descendencia, ni lo había deseado, pero, en sus últimas arrugas de vida, la llegada de Callisto le había producido un cierto consuelo. Ver a esa cría, empeñada en la venganza y sumida en el más profundo de los odios, era lo más curioso que había visto… desde… hacia mucho tiempo, curioso, extraño y fascinante, por que era como ver un tímido, pero concluyente reflejo de sí mismo. No había nada mas atroz en el mundo, que un alma inocente convertida en un ser sin escrúpulos. Todos emprendían el mismo comienzo, excepto algunas excepciones, de las que había sido testigo, en que el mal ya nacía dentro de ellos, como una pequeña semilla o marca de nacimiento.
- He sido perseguido multitud de ocasiones - la voz cansada del anciano distrajo de los pensamientos de Callisto - Y siempre hay tres opciones razonables cuando lo adviertes, ignorar al individuo, escapar a la mínima ocasión, o esconderse para tratar de darle esquinazo. Pero yo siempre elegía la misma, bueno, o casi siempre.
- Déjame adivinar: enfrentarte a él y destrozarle con tu espada - murmuró Callisto fascinada
El anciano la miró a los ojos, por un momento sintió un cierto estremecimiento por la presencia amenazadora de la muchacha. Había algo extraño en ella, sus ojos resplandecían de un modo siniestro… no, seguro que era su vieja y alocada imaginación.
- Si - sentenció el anciano - No me gustaba huir del destino.
- Cierto, el destino nos es asignado nada más sacar la cabeza a un nuevo mundo - Callisto se levantó - Y mi destino es el odio, la venganza, jamás estuve tan convencida de algo, ¿como un camino tan oscuro puede ser tan placentero? Oh, si lo hubiese descubierto antes… yo… no habría perdido el tiempo escuchando las absurdas convicciones morales de mi madre…
Callisto aprendió con rapidez, aprendió valiosas cosas que el absurdo Morthos jamás podría haber llegado a enseñarle. Sabía perfectamente perseguir rastros, incluso en arcilla endurecida, que aún para el más habilidoso rastreador, era una tarea extremadamente difícil, sabía seguir a una presa, escabullirse a través del campo sin ser vista, emboscar a un enemigo con sutileza, tomar posiciones o retirarse de ellas, conocedora de tácticas de guerra… ¿Como una pequeña mente como la suya podía albergar tantos conocimientos? El viejo mercenario siempre murmuraba entre dientes que los dioses debían de estar de su parte para que le dejaran proseguir su camino.
Con dioses o sin dioses, ella llegaría hasta el fin de su recorrido.
CRUZANDO EL RIO
- Oh, si, por todos los dioses, se trata del auténtico mapa - casi sollozó el menudo y enjuto hombre
Callisto y el anciano se miraron complacidos.
- Según la leyenda, este mapa contiene uno de los mayores tesoros jamás conocidos o vistos por el hombre… el tesoro de Ares
- ¿Y quien dice que no nos mientes?, jamás hemos oído tal leyenda - protestó Callisto arrebatándole el mapa
- Oh, no, no, no - exclamó nervioso - Solo unos pocos conocen tal secreto, son un grupo cerrado, una especie de secta que se despedazan unos a los otros, mutuamente, con tal de tomar posesión de esas riquezas… este mapa tiene tanto tiempo en la tierra casi como la existencia del hombre…
Callisto le miró con incredulidad.
- Pues está muy bien conservado - observó con una sonrisa de burla
- Claro, pequeña, porque procede del Olimpo, es divino. - alabó - Todos los miembros de ese clan llevan luchando por ese mapa más de trescientas primaveras, y por increíble que suene, nadie, absolutamente nadie, ha conseguido llegar vivo hasta el tesoro… siempre hay alguien que se interpone para tomar relevo…
Miró el mapa con avidez y sus ojos resplandecieron con crueldad.
- Gracias por la información - suspiró Callisto
- ¿Gracias, solo eso? ¡tengo derecho a llevarme una pequeña parte de esas riquezas por haberos guiados, pobres ignorantes! - gritó el hombre presa del pánico
- Oh, claro - siseó Callisto
Se dio la vuelta y derribó al hombre con un fuerte golpe en la mandíbula, sonó un fuerte crujido y el hombre cayó de bruces al suelo. Callisto sacó su cuchillo del cinto y miró al anciano suplicándole su aprobación.
- Adelante mi pequeña - murmuró sonriente y zarandeando la mano para que continuara
Callisto rió y se acuclilló frente al hombre pasando su cuchillo levemente por su estómago.
- ¿Has destripado alguna vez a un conejo? - le preguntó susurrándole en su oído - Yo si, pero es la primera vez que se lo hago a una persona, espero no defraudarte…
Llegaron hasta el borde del río, la corriente no era muy fuerte, per no obstante, se debía tener muchisimo cuidado, cruzarla a lomos de los caballos sería lo mejor y lo más prudente. Callisto cruzó la primera, el agua estaba condenadamente fría, como no iba a estarlo si era pleno invierno… pero el esfuerzo merecía la pena, porque detrás de aquellas aguas, detrás de aquel bosque, comenzaba el camino que les conduciría hasta aquel tesoro que tantas vidas había costado, unas riquezas vírgenes en las que ningún ojo se había posado y que ninguna mano había ni si quiera tocado. No anhelaba riquezas, pero si que contribuirían a su venganza, podría comprar hombres y formar su propio ejercito, podría comprar las mejores armas para esos hombres y el mejor…
- ¡Ayúdame! - gritó el anciano a sus espaldas - ¡La corriente es muy fuerte!
Ella ya había llegado hasta la orilla, sin embargo el anciano aún estaba en la mitad del río y apunto de ser arrastrado por la corriente. "Maldito viejo, siempre interrumpía sus mejores pensamientos en el momento menos oportuno".
- La corriente no es tan fuerte, es tu estúpido y viejo caballo, es tan inservible como tú - gritó enfadada - Te lanzaré una cuerda, no te muevas
Agarró la cuerda atada en la silla de montar de su caballo y la lanzó por los aires, el viejo mercenario consiguió hacerse con el extremo de la cuerda y atárselo a su cintura. No tenía fuerzas para luchar andando o nadando a través de la corriente, su cuerpo estaba mustio y agarrotado por el frío y el paso del tiempo.
- Tendrás que atar la cuerda a tu caballo para que tire de mí - gritó
- Claro, por su puesto - cogió el otro extremo y lo amarró con fuerza a la silla de montar de su caballo - ¿Estás listo?
- Si, ya puedes tirar
Azotó al caballo y este arrastró con fuerza al anciano contra la corriente, tragaba agua, y sentía las punzadas como puñales del frío por todo su cuerpo, apretó los dientes y se asió con el poco aliento que le quedaba a la cuerda. Ya estaba llegando a la orilla, ya estaba llegando a la dichosa y condenada orilla… un poco más…
- ¡SO! - ordenó Callisto a su caballo
- ¿Pero… quee… bup, bu, bup, haces? - intentó articular el anciano tragando agua y a escasos metros de la orilla
- Nada, tan solo quería contemplar tus últimos momentos, y escuchar tus últimas palabras, maestro, ¿o puedo llamarte abuelo? - rió a carcajadas
- Saaacame del agua - volvió a gritar sin energías
- Ah, ah - negó Callisto con la cabeza - Puesto que no llegaron a ahorcarte, y que mataste a unos pobres niños con tus potingues y venenos… por gracia de… bueno, por gracia, me ha sido adjudicada la justicia y la venganza, y como es mi deber, cumpliré con ellas.
El anciano comenzó a maldecir presa de la histeria, en el fondo sabía que no podía fiarse de la pequeña comadreja, y ahora, había llegado el momento de pagar su error, el error de creer que su alma maldita podía compadecerse de un pobre e indefenso anciano, que a pesar de las atrocidades que había hecho en vida, no se merecía tal castigo.
Callisto contempló por última vez al anciano, tanto tiempo compartido… tanto aprendido de aquel sanguinario mercenario y rastreador, ahora, consumido… no, no sintió ni compasión ni nostalgia, solo reflexionó por última vez, eso tenía de malo los comienzos, que de vez en cuando reflexionabas o una chispa de buenos sentimientos salpicaba tu corazón. Le dijo adiós con la mano y cortó la cuerda. El cuerpo del anciano fue velozmente arrastrado por la corriente y se perdió entre sus aguas espumosas. Bueno, debía seguir su camino.
EL DIOS DEL MAPA
Limpió el sudor de su frente, era consciente de que era seguida, aunque con días de ventaja por su parte, pero perseguida por algunos individuos, que sin duda, ansiaban su mapa. No lo iban a tener tan fácil como pensaban, iba a luchar con su vida, con puños y dientes y hasta el fin de sus fuerzas si hacía falta.
Lo que Xena había hecho en ella no se destruía tan fácilmente, la había convertido en un ser nuevo, en un ser más provechoso que una estúpida aldeana y campesina. Al final la iba a tener que estar agradecida por todo lo que había hecho por ella… lo más gracioso es que ni la propia Xena, lo sospechaba si quiera. Ese, era el factor sorpresa. Y los factores sorpresas eran lo mas emocionante de cualquier historia.
Quitó la silla de montar a su caballo y la dejó con cuidado en el suelo. Era de noche, necesitaba descansar, bueno, lo de descansar era solo un típico, porque, ya no había descanso existente para ella, tan solo la muerte, y a veces también lo dudaba. Encendió un pequeño fuego y se acurrucó con unas mantas. De nuevo estaba sola, físicamente, claro, ella siempre había estado sola desde que su hermana y madre murieran ardiendo en el fuego. Era curioso, cuando lo recordaba, sentía como si aquello ya no perteneciera a su vida, ni tan si quiera a su pasado, como si fuesen los recuerdos de otra persona que se habían clavado en su cerebro y que osaban atormentarla noche y día. ¿Y si no fueran sus recuerdos en verdad?, ¿y si no se estuviera confundiendo y aquello fuese algún tipo de confusión o de…? ¡que absurdo, estaba loca, pero no para olvidar aquella parte tan dolorosa de su existencia!
Una mano fría cubrió su boca, agarró instintivamente su cuchillo y lanzó una puñalada al aire.
- Ja, ja, no puedes hacerme daño - rió una voz a sus espaldas
La fuerte mano dejó de hacer presión en su boca y el hombre se situó frente a ella, era extraño, podía ver el fuego a través del cuerpo de aquel hombre… a menos que se tratase de un…
- Eres un dios - murmuró
- Efectivamente - sonrió atractivamente aquella cara de facciones duras pera seductoras - Soy el mismísimo dios de la guerra, Ares… y tu debes ser…
- Callisto - respondió con extrañeza
- Eso, Callisto, he oído hablar de ti - se acuclilló y miró fijamente a sus ojos - Creo que tienes algo mío.
- Te confundes de persona
Ares se puso en pie y rió a carcajadas, le gustaba aquella muchacha.
- He venido a hacerte un favor - se sentó al otro lado del fuego y se acarició el mentón - yo conozco todos tus secretos, y me gustan, he estado observando tu evolución, y francamente me ha sorprendido, esperaba mucho menos de ti. Entre tú y yo. - susurró - Aun debes perfeccionar, pero no está nada mal. Pero volvamos al asunto que nos incube. No tengo todo el día… ¿quien crees que puso a Morthos en tu camino?… yo… ¿quien crees que te ha protegido desde el Olimpo?… yo… ¿quien crees que te ayudará con tu propósito?
- ¿Tú? - sonrió vagamente Callisto
- Aprendes rápido. - exclamó Ares - Así es, porque tú y yo estamos unidos por un fin mutuo: Xena
Callisto se puso tensa unos instantes, el nombre de Xena provocaba los movimientos involuntarios de sus músculos. El dios de la guerra pareció advertirlo y sonrió.
- Mira… Callis…
- Callisto
- Callisto, el mapa que tienes en tu poder te está distrayendo de lo que verdaderamente es tu objetivo principal, llegar hasta Xena - se puso en pie inquieto - ese mapa no es más que un entretenimiento que inventé yo hace mucho tiempo… no conduce hasta grandes riquezas, sino hasta la muerte…
- ¿Por que debería fiarme de ti? - preguntó
- Debes hacerlo, sin mi ayuda estás muerta. Conozco bien a Xena, me encanta plantearle retos, y tú eres uno demasiado bueno para que ese estúpido mapa lo arruine todo - murmuró - Un día aburrido en el Olimpo decidí crear la leyenda de un mapa que conducía a las riquezas más imaginables de la tierra, esas riquezas habían sido robadas a otros dioses y poderosos hombres de la tierra, que yo había vencido en batalla, y que habían sido escondidas en un lugar secreto para que nadie pudiera tener acceso a ellas. Lancé un mapa falso a la tierra y los hombres comenzaron a luchar eternamente por él, matándose unos a otros, torturándose entre propios hermanos, de unas manos a otras el mapa pasaba, pero nadie conseguía llegar hasta el lugar acertado porque otros enemigos caían sobre él como fieras hambrientas… era un juego tan estimulante… que decidí prolongarlo hasta que me cansara de él. Y ahora el mapa ha caído en manos inapropiadas, las tuyas. Tu destino es otro y no pertenecer a mi tablero de juego. Tu destino es llegar hasta Xena.
- ¿Y quien me dice que ahora mismo no estoy cayendo en otro juego? - preguntó con desconfianza Callisto
- ¡Porque no lo es! - gritó furioso Ares, comenzaba a hartarse de la desconfianza de aquella muchacha - Créeme, no lo es. Y como muestra de mi confianza hacia ti, te ayudaré a conseguir un pequeño ejercito para que vayas… practicando
- Está bien, será como tu digas - murmuró al fin Callisto entregándole el mapa
- Perfecto - susurró Ares recuperando su habitual sonrisa - Espero que no me defraudes…
ASEDIAR UN CASTILLO ES FACIL
Pálamos era un guerrero sutil, eficaz, nacido en tierras lejanas a Grecia. Tierras tan vírgenes que jamás habían sido exploradas por los hombres. Su piel tenía un color tostado, casi dorado, como si en su sangre corriera la divinidad. Callisto contempló unos instantes, a su parecer eternos, a aquel ser tan bello y perfecto que la naturaleza había creado, y se preguntó una vez más, quien sería realmente…
- Aquí lo tienes - Pálamos extendió el mapa que había confeccionado - No está muy detallado, pero se asemeja con gran exactitud. Aquí está la torre del vigía y aquí la de franqueo. Si nos servimos de un ariete no tendremos mucha dificultad en penetrar en las fortificaciones…
- ¿Qué me dices de los fosos? - preguntó Callisto
- No hay, sin embargo lo que si hay es un gran número de arqueros, en ellos se basa la mayor parte de la defensa del castillo
Callisto bebió de su vaso y reflexionó.
- Los asediaremos, cortaremos su suministro de agua y comida y terminarán cediendo - murmuró
- Pero…
- Y cuando nos hayan entregado al principe, acabaremos con ellos - exclamó sonriente
- No creo que haga falta, si terminan cediendo, y nos entregan lo que venimos a buscar, no hara falta derramar sangre - Pálamos enrolló el mapa
Callisto le miró, sí, era un ser bello, pero no perfecto rectificó. Alguien que creía en el perdón jamás podría acercarse a la perfección. Y Pálamos parecía siempre buscar alternativas para no derramar sangre y perdonar al enemigo. Era débil, y odiaba a las personas débiles, sin embargo, no podia sentir nada adverso contra él, por más que lo intentaba no podía. Y eso la atormentaba.
- Será mejor que vayas a averiguar lo que te encargé - Callisto caminó hasta su lecho y se recostó
Pálamos mantuvo fija su mirada en ella y salió de la tienda. La compadecía. Estaba tan llena de odio que no podía apreciar la esencia de las cosas. Ni si quiera la más sencilla.
Ares se dejó ver, caminó voluntarioso hasta la guerrera y la miró extrañado.
- Lo confieso, estoy desconcertado contigo - sonrió ampliamente - ¿Qué significa Pálamos para ti?
Callisto rió sonoramente.
- Un gran subordinado - se puso en pie y caminó alrededor del dios - Voy a sitiar el castillo
- ¿Para que diablos quieres sitiar ese castillo? - rugió - te estás entreteniendo con estupideces ajenas a nuestro plan, nuestro plan es Xena. ¿Por qué quieres sitiar un castillo de pordioseros? ¿acaso creias que el rey Aester guardaba riquezas debajo de su cama?, cuando Xena pasó por aquí hace años, arrasó con todo y convirtió su reino en una corte de pordioseros…
Callisto siguió escuchando atentamente, pero con tal indiferencia que Ares comenzó a ponerse tenso.
- …pero no sabes el resto de la historia - murmuró interrumpiendo las maldiciones de éste - La primavera pasada Xena volvió a atravesar ésta región, el rey Aester la hizo capturar, y ella, hizo gala de su nuevo talante, y no opuso resistencia… como un corderito caminó hasta la horca… , - sonrió - pero el rey le perdonó la vida en el último momento
Ares tomó la copa de Callisto y bebió, ansioso de que la mujer continuara con su relato.
- ¿Por qué iba a hacer una cosa así? - preguntó
- Porque salvó la vida del joven principe Oneoro, su único heredero - Callisto le arrebató la copa - Supongo que puso en la balanza a la antigua Xena y a la nueva, y la última terminó pesando más que la otra. Ya sabes como es esto de la bondad, la pruebas una vez y terminas volviendo a repetir la jugada una y otra vez sin parar, convirtiendote en un maldito esclavo de ella.
Ares rió por las ocurrencias de la guerrera. Le encantaba su ironia.
- Y bien, ¿cuál es tu plan?
- Ares, Ares, Ares… tú que has intentado realizar las más increibles ocurrencias y estratagemas para hacerla volver a su vida anterior, y no se te ha ocurrido la más simple: la venganza - Callisto se sentó en la cama - Cuando capture al principe, le rebane la cabeza, haciendo creer a todos que fue Xena, y vaya aldea por aldea recreando sus ataques, todo el mundo se pondrá nuevamente contra ella, más de lo que estaban aun. Ella buscará al culpable, y cuando me encuentre, lo único que podrá pensar es en vengarse, matandome… pero yo seré mas eficaz y conseguiré matarla antes. Fin de la historia. Yo vengo mi causa, tu vengas la tuya… ¡Todos contentos!
Ares no estaba tan seguro de que fuera tan fácil, dicho así parecía un juego de niños, pero él sabía por experiencia que aniquilar a Xena, o al menos intentarlo, requería un esfuerzo sobrehumano. Sin embargo el destino era demasiado imprevisible para rechazar la idea, ¿o si no como Xena, pudo dominar de ese modo al lado oscuro que todo mortal y dios lleva dentro?
El mal nunca se destruye, se domina, y si a Xena se le ponía un cebo fácil delante, y picaba, su lado oscuro romperia sus cadenas.
- Perfecto - exclamó - sigue así y conseguirás lo que tanto ansias… me mantendré informado, ahora si me disculpas, debo volver al Olimpo…
Callisto salió de la tienda a grandes zancadas y observó su alrededor con detenimiento, sus soldados descansaban en el improvisado campamento que habían montado al otro lado del valle. Eran hombres robustos, sicarios y lo mas deplorable de la raza humana, pero feroces luchadores y subordinados que respetaban las ordenes que dictaba.
El primer ejercito que Ares le dio resultó un sonado fracaso. Cuando embistieron contra las tropas de Elios, se vio obligada a ordenadar retirada por el escaso instinto de guerra que aquellos brutos tenían, lanzaban estocadas al aire igual que comían, deprisa, y a lo bestia. Hecha una furia fue a ver a Ares y a esijirle que arreglara el asunto, pero éste se limitó a cruzarse de brazos y entregarle una suma de dinero bastante considerable. Dinero que utilizó para embaucar a aquellos hombres que ahora descansaban, con una exhaustiva selección que terminó por forjar, hasta esos momentos, un invencible ejercito.
Ares era detestable, un traidor, y sabía perfectamente que no iba a dejar que mataran a su querida guerrera Xena, sin antes intentar que volviera a sus brazos. Por esa razón siempre estaba alerta, prevenida de la muy previsible estocada por la espalda de Ares.
- Sitiad el castillo: cortad el suministro de agua, y el del alimento, no quiero que ni un triste grano de arroz pase de esas malditas murallas - ordenó - Y pasados dos días mandad a un mensajero con unas instrucciones que yo le daré llegado el momento
Pálamos bajó de su caballo y sujetó las riendas en su mano. Observó a Callisto rugir a sus hombres, por sus venas corría la excitación de la lucha y el odio. Llegado el momento él se encargaría de su paz eterna.
EL PRINCIPE ONEORO
- Si, se llama Gabrielle - repitió Pálamos - acompaña a Xena en sus viajes, de un lado para otro. Parece ser que en parte es ella la responsable de que Xena se redimiera… o al menos eso dicen las gentes
Callisto reflexionó unos instantes.
- Asi que ese es uno de los puntos débiles de nuestra princesa guerrera - sonrió Callisto - En caso de que mi plan no funcionase siempre podriamos recurrir a la poetisa
- Bardo - rectificó el guerrero - es un bardo, no poetisa
- Para el caso es lo mismo, ¿qué diferencia hay en que cuente las sandeces heroicas de Xena en un estilo que en otro? - replicó molesta - seguirá siendo basura. Seguro que no cuenta en sus pergaminos el pasado de Xena, o como mis padres y hermana murieron abrasados. No, cuenta lo que Xena quiere oir, lo que no atormenta su alma…
- Pero ella ha sabido controlar su odio, ha rectificado - replicó Pálamos
Callisto se puso en pie y se acercó al guerrero muy despacio, sentía su aliento en su cara, oía su respiración, y si agudizaba su oido también podría oir los latidos cada vez más acelerados de su corazón. Acarició suavemente su cara, y pudo apreciar un pequeño estremecimiento de éste.
- Tu identidad es un misterio - susurró en su oido - yo se que no eres como los demás, no eres un guerrero sediento de sed como el resto, y no aspiras a conseguir riquezas ni gloria. Apostaría que tu alma es noble… dime, ¿quién eres?, ¿qué haces aquí? Que es lo que buscas… confiesamelo
- Busco tu sangre envenenada por el odio - respondió este tan cerca de sus labios que casi rozaban con los suyos
- No es una respuesta coherente, pero la acepto - sonrió Callisto
Agarró con fuerza la nuca del guerrero y le besó, sedienta de pasión. Él no puso ninguna resistencia, lo deseaba, incomprensiblemente lo deseaba. Rodeó la cintura de Callisto y la atrajo hacia sí con fuerza.
- Siento interrumpir - un leve tosido incomodo sonó en la entrada de la tienda - El principe Oneoro se ha entregado por propia voluntad, en éstos momentos está siendo conducido hasta nuestro campamento…
Callisto salió de la tienda tras el soldado y se volvió un instante hacia Pálamos antes de desaparecer.
- Después seguimos querido - rió con ironía
El principe llegó maniatado en un caballo negro con el escudo del reino. Sus ropas raidas le hicieron recordar las palabras de Ares, "una corte de pordioseros" gracias a Xena, esta vez se convertieran en una corte de desgraciados gracias a ella, directa o indirectamente. Bajaron del caballo al muchacho y le llevaron ante la presencia de la guerrera.
El joven la miró con osadia, pero no podía ocultar en sus ojos azulados el temor de morir en manos de quien fuera aquella mujer.
- Perdoname si no hago una reverencia, pero me duele la espalda - bromeó - Y perdoname también por lo que haré contigo mañana al amanecer, nada mas salga el sol por detrás de esas montañas, principe.
- Me vas a matar, ¿no es así? - el joven intentó liberarse de sus manos atadas, pero estaba completamente rodeado por fornidos guerreros armados hasta los dientes, y de nada le servirian unas manos desnudas asi como armadas
- Tranquilizate, te prometó que no será una muerte dolorosa - agarró al heredero del trono por el cabello y tiró de él con fuerza obligándole a mirarla - ¿Sabes quien te ha hecho esto?, ¿sabes de quien recibo ordenes explicitas de matarte?… si… lo has adivinado… Xena…
El joven miró con odio a Callisto.
- No lo creo - gritó - estás mintiendo, ella no haría una cosa así
- Oh, claro que lo haría - rió - Te salvó unicamente para librarse de su pena de muerte, y ahora quiere dar un escarmiento a tu padre que le enseñe a no fiarse de asesinas redimidas
- No te creo - murmuró más sosegado, su respiración comenzó a acelerarse por el pánico - no tiene sentido que me mientas a mi, ¿se te olvidó que los muertos no hablan? no hace falta que me escondas la verdad
Callisto miró al principe, verdaderamente habría servido como monarca, lástima que no fuera a ser así
- Está bien, lo confieso, has descubierto mi verdad - sonrió - eres un chico muy inteligente… Xena no me ha enviado a matarte, cierto, pero si hay en todo esto una relación con ella… tú solo eres una pieza en mi tablero de juego… y moriras por una causa justa
- Ninguna causa es lo suficientemente justa para matar a otra persona - Pálamos se abrió paso entre los soldados y se inclinó ante el muchacho
Callisto suspiró contrariada, su paciencia tenía un límite, que el guerrero se empeñaba en traspasar.
- Atadle a él también - rugió
Varios hombres se echaron encima de Pálamos, que en un acto de reflejo, llegó a sacar su espada y enfrentarse a algunos de sus adversarios, pero el elevado número de ellos hizo que su rendición fuera inevitable, y terminaran por atarle y encerrarle en la misma tienda en la que el joven principe esperaria su sentencia al amanecer. Si quería salir de una sola pieza de la situación y salvar al muchacho, tendría que permanecer a la espera. De lo contrario, también él moriría inútilmente.
La madrugada estaba ya muy entrada cuando silenciosamente se arrastró hasta el otro lado de la tienda, atado de pies y manos, no podría hacer nada por si solo, necesitaba la ayuda del muchacho, llegó hasta él y con unos leves susurros y empujones le hizo saber de su presencia.
- ¿Estás dormido? - susurró
- ¿Quién puede dormir cuando sabe que su hora final está cerca? - respondió el joven con una fingida calma - ¿Por qué intentaste defenderme?
- No mereces morir…
Permanecieron en silencio unos instantes. Afuera, se oian los ronquidos del guardia que custodiaba la tienda, dormía profundamente… ¡era el momento!
- Bien, no es momento de conversaciones muchacho… tenemos que salir de aquí antes que amanezca… lo haremos del siguiente modo: en mi bota tengo un pequeño puñal, si consigues sacarlo podremos cortar nuestras cuerdas y encargarnos del guardia de ahí fuera… sino lo consigues sacar, y espero que no se asi, moriremos nada mas salir el sol por esas montañas… asi que solo hay una opción… ¡sacar ese maldito puñal de mi bota!
Ambos tenian las manos atadas en la espalda, el principe giró sobre si mismo y acercó sus manos a la bota del guerrero, palpando el calzado intentando encontrar el arma. Por fin dio con el pequeño mango del puñal y suavemente, tirando de él, consiguió sacarlo por entero. Lo aferró con fuerza en su mano derecha y ordenó al hombre que se diera la vuelta para así cortar las cuerdas que sujetabn sus manos.
- Ten cuidado, ambos de espaldas… tú con un puñal cortando mis cuerdas - murmuró - ufff, corre peligro alguno de mis dedos…
- Tranquilo, he visto a muchos juglares hacer cosas mas difíciles que ésta y con gran éxito - intentó tranquilizarle
ESCAPADA
Salieron de la tienda ocultos entre las sombras, el guardia seguí dormitando tranquilamente sobre su vieja silla de madera. Caminaron hasta los caballos y desataron sus riendas. Faltaban pocas horas para aquel amanecer que comenzaría la sedienta venganza de Callisto contra Xena
- Cuando crucemos el valle, dirigete hacia el sur a todo galope, es la única ruta de escape que tenemos - excalmó Pálamos subiendo al caballo
Una carcajada sonó en la oscuridad, y en pocos segundos, el campamento quedó iluminado por una fila de antorchas que algún soldado se encargó de encender. Callisto salió al encuentro del par de fugitivos y los miró divertida. Su peligrosa sonrisa se desvaneció unos instantes que les pareció eternos, y volvió a reaparecer con sus siempres ocultos motivos.
- Supuse que pasaría esto, es fácil suponer las cosas cuando se ha adquirido una práctica - exclamó dando vueltas a su alrededor - Lo cierto es que mi descontento por ésta traición, Pálamos, supera los pronósticos que me hice sobre ti
- Tus pronósticos siempre son erróneos Callisto… - respondió el guerrero bajando del caballo - Crees que matarás a Xena, y no lo harás, porque antes Ares acabará contigo, ¿por qué crees que estoy aquí? Porque hice un trato con Ares…
El dios de la guerra se hizo ver y furioso apartó a los soldados que le impedían llegar hasta Callisto y el guerrero. Contrariado, eso es lo que estaba. Muy contrariado por el giro que las cosas habían tomado.
- Oh, vamos, ¿no le irás a creer? - rió acercándose a la mujer
- Si yo te mataba cuando él lo ordenase, me daría tu sangre - explicó el guerrero - Tu sangre para salvar a mi propia sangre… verás, Zeus, en sus continuas infedelidades, tomó a mi madre, yo por entonces tenía tres años, pero Zeus jamás supo de mi existencia. Él la convirtió en un cisne para que Hera no se pudiera vengar de ella…
- Conozco esa historia - murmuró el principe - Zeus convirtió a Leda en un cisne hace muchos años… porque la vengativa Hera siempre perseguía a aquellas mujeres con las que Zeus habia mantenido alguna relación amorosa…
Callisto contempló impasible al guerrero esperando que continuara.
- …yo estuve en tierras lejanas mucho tiempo, y cuando volví a Grecia, le pedí al propio Zeus que la volviera convertir en mujer… - bajó del caballo - pero no accedió, y Ares me ofreció un buen trato: matarte llegado el momento, y tu sangre envenenada por el odio, vertida sobre mi madre, la daría de nuevo su cuerpo de mortal…
Callisto se volvió hacia el dios que escuchaba a aquel traidor con el ceño fruncido.
- Asi que querias pegarme una puñalada por la espalda, una vez que te pusiera a Xena en bandeja - rugió
- Por favor, su historia es absurda, completamente absurda - sonrió
Pálamos dio unos pasos hacia delante y arrojó su espada en el suelo, frente a los pies de la poderosa guerrera.
- No te mataré Callisto - exclamó dándose la vuelta - y tampoco lucharé contigo, aunque eso signifique renunciar a mi cometido
- ¿Lo ves? Eso es sospechoso Call - puntualizó Ares
- Ah - ah, lucharás conmigo - gritó Callisto - Y te mataré como a un maldito perro antes de que te des cuenta… ¡recoge tu espada y lucha!
Pálamos se dio la vuelta muy lentamente y la miró por última vez a los ojos.
- No lucharé contigo - repuso - Abandona ésta guerra, aun puedes salvarte… ven conmigo, y encuentra la paz… yo la encontré, no puedo matar a nadie por muy poderosos que sean mis motivos, el no hacerlo me da esa paz, que hasta ahora no conseguía encontrar
- Eso es absurdo - rió Ares - alguien que no lucha y deja sus asuntos a medias, jamás encontrará la paz… ¡mátale Callisto!, él vino expresamente a hacer lo mismo contigo
Callisto avanzó amenazadoramente hacia Pálamos y le arrojó su espada. Estaba confundida, y eso era grave, muy grave. Tal vez si derramaba un poco de sangre las ideas volverían a colocarse en su cabeza.
Pálamos cogió su espada y la contempló como un objeto extraño y ajeno a él.
- Maldita sea Callisto, ¿a que esperas para matarle? - rugió Ares a sus espaldas
Ella giró su cabeza y contempló su alrededor, el sol ya había comenzado su ascenso al cielo, muy por encima de las montañas rocosas a lo lejos. Sus soldados la miraban impacientes, con sus armas aferradas en sus manos. Y el viento soplaba, agitando su pelo, con una suave brisa que parecía cantarle al oido. Aquello era absurdo.
- ¡Despierta!, ¡matale! - volvió a insistir Ares
Callisto gritó con todas sus fuerzas y se avalanzó contra el guerrero… él ni si quiera se movió. Cuando saco la hoja de la espada de su pecho, aún la miraba desconcertado, con su espada apoyada en el suelo como instantes antes había estado. No se había defendido. Había preferido morir antes que matarla.
Sus parpados fueron cayendo lentamente hacia abajo, dejó de hacer fuerza en su mano y la espada cayó al suelo. Ella lo había hecho, le había matado… y lo más doloroso no era aquella herida por la que brotaba su sangre a borbotones, sino el hecho de haber creido que ella finalmente no le mataría.
- Aún puedes salvarte - consiguió articular llevándose las manos al pecho - aún puedes… aún…
Cayó de espaldas muerto. Y el tiempo pareció detenerse.
- Estúpido sentimental - murmuró Ares acuclillándose para tocarle el cuello y corroborar que estaba muerto - si hubiese sabido su verdadera naturaleza sensible y enamoradiza, no habría perdido mi tiempo… mmmm… te felicito Callisto: tu primer enamorado muerto… ¡prueba superada!
El dios rió a carcajadas y se levantó. Callisto seguía contemplando al guerrero que yacía en el suelo, víctima de su espada… y por un momento se estremeció.
- No empezarás ahora con absurdos rencores, ¿no?… tu plan aún continua, ya habrá tiempo de explicaciones - la agarró del brazo pero ella seguía sin reacionar - Oh, vaya, ¿no me diras ahora que ese tipejo te interesaba?
- No, claro que no - rugió volviéndose hacia él - no soy tan estúpida
Caminó a grandes zancadas y agarró al joven principe del cabello, obligándole a arrodillarse ante ella
- Bueno, después de absurdas historias divinas y monólogos aburridos, pasemos a lo que en verdad importa…
LA VENGANZA TIENE UN PRINCIPIO, PERO NO SIEMPRE UN FIN
El rey Oneoro subió sus faldones para caminar mas deprisa. El jefe de guardias esperaba en el salón del monarca impaciente y profundamente afectado por el desarrollo de los acontecimientos.
Saludó con respeto al rey como cada día y esperó a que éste se sentara para comenzar a hablar.
- ¿Qué sabes de mi hijo?, hablad ya - exigió con preocupación
- El joven principe… - no podía encontrar las palabras adecuadas - el joven principe murió con honra y valentía, según cuentan las gentes
El monarca se aferró a su sillón con las fuerzas apunto de desvanecerse, miró a su jefe de guardias, y supo al instante que aquello que le contaba era cierto, tal y como lo había oido. Aquellos ojos vidriosos no podían mentir.
- ¿Quién fue? - articuló pesadamente
- Xena, señor… fue la propia Xena - recalcó como si sus palabras no hubiesen sido escuchadas, cogió un saco apoyado en el suelo y lo levantó tembloroso - Y mando esto… pero hacedme caso si os digo que no mireis su contenido mi señor
- ¿Qué es? - su voz comenzaba a extinguirse en su pecho, ¿cómo soportaria esa perdida?
- La cabeza del principe - titubeó el jefe de guardias
El rey aferró el saco entre sus brazos completamente aturdido, y sollozó profundamente cuando comprobó su contenido.
- Esto es una venganza - gimió
- Si señor, eso parece - confirmó el guardia retrocediendo unos pasos del monarca - toda venganza tiene un principio, pero no siempre un fin… pondré a mis hombres en guardia…
Callisto soltó las riendas de su caballo y contempló el horizonte. Se volvió a sus hombres y los examinó detenidamente. Estaba orgullosa, veía a aquellos hombres masacrar a las gentes bajo sus ordenes, sin ningun tipo de remordimiento ni escrúpulo, y era como contemplar su interior. Un alma envuelta en llamas.
- Ha llegado el momento de separarnos - gritó - Yo esperaré a Xena en esa aldea, y me reuniré más tarde con vosotros en las aldeas del norte, para continuar nuestro trabajo… hasta entonces mis cachorros, divertios mucho
Los hombres sonrieron complacidos, y Callisto galopó colina abajo sedienta por aquel dia que nunca llegaba. La aldea que había escogido para el primer encuentro entre Xena y ella, recibía continuos ataques de un señor de la guerra, un tal Talmadeus. Cuando Xena, a tan solo dos días de allí, se enterara de tal infortunio abuso, prestaría sus servicios a los aldeanos. Y caeria en la trampa que ella le había preparado con tanta sutileza.
Callisto escondió su caballo entre los espesos matorrales y dejó su bolsa de viaje en el suelo. No quería ser vista por aquellos estupidos aldeanos que alertarian de su presencia a Xena. Todo debía acontecer como un factor sorpresa.
Observó detenidamente llegar a las mujeres. Su destreza nata para trepar por los arboles, la procuró un buen lugar de observación oculta entre las ramas. Si movía cualquier músculo, su presencia sería descubierta, Xena tenía buen oido, y sobretodo, un gran instinto. Era como una pequeña fiera suelta en un mundo de alimañas que tejían redes de traiciones y venganzas. Los buenos sentimientos, y las alegrias y dichas, no eran mas que un espejismo con el que los dioses manejaban a los mortales. Por eso alguien tan infeliz como Callisto, podía resultar tan peligrosa.
La acompañante de Xena era aquella famosa bardo, la que la guiaba en su mundo de sobras… Gabrielle, sin embargo… aquella mosquita muerta parecía tan indefensa, que Callisto no se preocupó por su sola presencia.
Por unos momentos Pálamos, volvió a su mente, le vio claramente de nuevo, sujetándose el pecho y pronunciando sus últimas palabras, sintió también el tacto de sus labios sobre los suyos… contempló su piel dorada, sus gestos… su forma de empuñar la espada…
Rugió en sus adentros, rugió con fuerza y el recuerdo de Pálamos se desvaneció en algun lugar de su alma.
Volvió a observar a las dos mujeres que conversaban animadamente entre ellas. Y deseó aterrizar en el suelo, desenvainar su espada y matar a Xena después de tantos años de espera. Pero no lo hizo.
La paciencia, la paciencia era el punto clave, y hasta ahora siempre la había mantenido, no podía dejar perder la oportunidad por un impulso.
Cuando lanzó aquella flecha sintió una sensación de libertad y gozo que nunca antes había experimentado. Xena pese a sus sutiles instintos no sintió la proximidad del peligro hasta que aquella flecha no se clavó en ella. Cuando con sus frios ojos azules el proyectil entre sus dedos supo que la furia de algún ser se había desatado.
Pera ella no recordaba a Callisto, era irónico, porque Callisto recordaba a Xena demasiado bien, no había dia en su vida que no lo hiciera.
Xena miró a su alrededor pero no vio a la guerrera escondida en la espesura de los arboles, sus miradas se cruzaron, pero ella no lo advirtió.
- Una lástima - murmuró Callisto bajando por un rugoso tronco
- Si alguna vez había pensado que las enseñanzas de Alithes no la habían servido demasiado, sin duda era porque no había sabido aplicarlas. Cuando el viejo sicario le enseñó el arte de los venenos, tan solo lo vio como un mero entretenimiento… una curiosidad.
Pero después de tanto tiempo pensando en la mejor venganza, supo que debía incluir un pasaje especial en ella. Estaba segura que como todos los mortales, Xena le temía a la muerte, y si por unos momentos supiera la sensación que se experimenta al morir, para luego resucitar de nuevo, sin duda la marcaría. La haría más débil, y lucharia con más fuerza y furia por su vida. Una vida destinada a ser arrebatada por la propia Callisto.
Machacó la planta que Alithes la había mostrado mucho tiempo atrás, y mientras la molía escrupulosamente en el pequeño cuenco, recordó las palabras del anciano, "… poco a poco sientes como se te va la vida… comienzan a llorarte creyéndote muerto… pero lo más gracioso es que no lo estás, y a menudo te entierran vivo… "
Mezcló la pasta obtenida con algo de agua, e impregnó la punta de la flecha con ella.
Sostuvo la flecha sobre sus ojos y sonrió. Por fin el juego había empezado…
FIN